Fideicom
título nota


Fideicom
Notario Ungaro

Reemplazan a los créditos bancarios, se usan como garantías y hasta para transferir patrimonios; son los fideicomisos, la otra forma de invertir

Es una operatoria financiera novedosa en el país pero que vive un auge, sobre todo después de la crisis de 2001 y 2002; la utilizan tanto el sector privado como el público, aunque en este último caso se ha generado una fuerte controversia.

Algunos cambios en la composición de una empresa familiar hicieron que Lucía, de 55 años, se encuentre con una importante suma de dinero. Lejos de ser una mujer de negocios o una inversora sofisticada, tuvo la necesidad de hacer producir el dinero para mantener su nivel de ingresos.

Un tercio del dinero, lo destinó a la compra de dos oficinas en el centro porteño para alquilarlas. Otro tanto lo colocó en el banco en plazos fijos actualizados por CER. Con el resto, pretendía una inversión a corto plazo y con un rendimiento algo mayor. Sin entender demasiado de qué se trataba, se asesoró e invirtió en algo que jamás estuvo dentro de sus planes: un fideicomiso financiero.

Desde esta inversora no sofisticada, pasando por empresas ávidas de fondos que no consiguen en el mercado financiero tradicional, y terminando en administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones con sus portafolios diversificados, todos contribuyeron a que el mercado de los fideicomisos creciera a valores insospechados hace sólo un par de años. El derecho anglosajón denomina a una herramienta similar “trust”, es decir, confianza. Justamente, la confianza es una de las bases de este sistema mediante el cual una persona entrega a otra un activo –desde un inmueble hasta un título– para que cumpla con un encargo. Este intermediario deberá cumplir en los plazos que le fijaron con el mandato y finalmente darle al bien el destino convenido.

El segundo semestre de 2003 fue el momento en que esta herramienta volvió a posicionarse como un sistema confiable para captar ahorro público, después de la crisis de fines de 2001. En 2004 el volumen negociado en fideicomisos con oferta pública llegó a $ 1700 millones, en lo que constituyó, para los analistas, un excelente año. Sin embargo, el mercado no se detuvo. En el primer trimestre del año se colocaron fideicomisos por $ 900 millones de pesos y las previsiones para todo 2005 prevén por lo menos duplicar los montos del año pasado.

Nora Trotta, de la consultora Gainvest Asset Management, considera que “para este año se proyecta, con cifras conservadoras, un mercado que se coloque en los $ 3200 millones, el doble que lo del año pasado”.

No hay que desconocer que las principales causas que llevaron a esta operación a resurgir es la contracción de la tasa de interés del sistema bancario. Mientras ciertos fideicomisos pagan en el orden del 6% y hasta un 10% de interés anual, los plazos fijos sólo superan 3,5% para el mismo período.

Desde inmuebles hasta las obras públicas que el Gobierno anuncia con bombos y platillos; desde cosechas y futuras exportaciones de soja hasta la recaudación de alguna autopista; desde créditos prendarios o hipotecarios a préstamos de consumo, todo lo que tenga algún valor patrimonial puede constituirse como activo de un fideicomiso.

Ahora bien, ¿cómo se inicia un pequeño inversor en un mercado, cuando menos, distante de las colocaciones tradicionales? Lo primero que cualquier asesor financiero tratará es buscar que su cliente comprenda la operación.

Un ejemplo puede ser útil para ilustrar este contrato del que tanto se habla y poco se conoce. Podría suceder que una persona tenga un terreno con posibilidades de que allí se construya una torre de departamentos, pero que no cuente con el dinero necesario para realizar la obra. Podrá, entonces, buscar un inversor que financie el proyecto, construya la obra y terminada, venda los inmuebles.

Pero también el dueño del terreno -en este caso fiduciante- podrá constituir un fideicomiso y nombrar como mandante, por ejemplo, a una empresa constructora, a una inmobiliaria o a una entidad financiera. Estos serán en este caso los fiduciarios y tendrán la misión de hacer la obra, comercializarla y vender los departamentos terminados. Los compradores serán los beneficiarios.

La opción financiera

Esta modalidad se llama fideicomiso privado o de garantía. Pero no todo queda ahí, ya que también existen los fideicomisos financieros que son aquellos que captan ahorro mediante la oferta pública. "Los bancos dan créditos, por caso, a 15 años. Después deberían esperar el repago para volver a prestar el mismo dinero. Mediante los fideicomisos financieros, esa cartera de créditos se cede a otro a cambio de un interés. El banco recibe la plata y la puede volver a prestar. Se crea un mercado secundario de la hipoteca y se potencia el ciclo de los negocios", lo define Saúl Feilbogen, profesor de fideicomisos en el CEMA y socio del estudio Vitale, Manoff, Feilbogen.

Retomando los consejos del asesor financiero, el segundo paso será explicarle al inversor cuáles son las ventajas que tiene esta herramienta.

La primera es que el bien que se aporta al fideicomiso queda separado del patrimonio de cada una de las partes. Es decir, si el mandatario (fiduciario) o el que entregó el bien (fiduciante) quiebran o son ejecutados, el bien estaría resguardado

Otra ventaja, nada menor, es que los que inviertan en fideicomisos con oferta pública no tributarán ganancias por el dinero que aportan al fondo y por los intereses.

"Es una herramienta muy útil y segura, que fue testada en la salida de la convertibilidad y funcionó muy bien", sostiene Feilbogen.

Para el vicepresidente del banco Finansur, Juan Sánchez Córdova, "dentro de un esquema de inseguridad jurídica, el fideicomiso saca ventajas respecto de otras herramientas, títulos exentos de ganancia".

Para el banquero, "la separación del patrimonio y el hecho de que son administrados por una entidad financiera son algunos de los puntos que lo diferencian".

En la pulseada con otros vehículos de inversión, el fideicomiso privado se impuso a otras figuras como las sociedades. La gran ventaja es que los primeros es que se hacen por un corto tiempo y un plazo determinados. Otra característica que se podría colocar en el casillero de las ventajas es que, a diferencia de las sociedades, no hay mayorías que se modifiquen y que puedan cambiar el destino del dinero afectado.

Si la duda se posa en la gestión del mandatario o fiduciario, a decir de Alberto Navarro, socio del estudio G. Breuer, "la herramienta es muy segura porque los administradores tienen que rendir cuentas periódicamente". Y resalta que es la herramienta más flexible para canalizar inversiones. "Es como si fuera una composición libre, todo se puede pactar en estos contratos", dice Navarro.

Para Julián Martín, socio de KPMG y especialista en servicios financieros y mercados de capitales en los fideicomisos con oferta pública "no hay tanto riesgo porque siempre interviene la Comisión Nacional del Valores como órgano de contralor". A su modo de ver, en los fondos privados, "reviste vital importancia la figura del fiduciario -mandante- como garantía de que se cumpla con el destino del fondo y la forma en que se estructuró el contrato".

Pero más allá de ventajas y desventajas, el fideicomiso se abrió camino entre los inversores y cada vez son más las empresas que buscan fondearse con este instrumento.

Por caso, la semana pasada, el banco Finansud cedió su cartera de créditos prendarios a un fideicomiso que manejó el Banco Patagonia, una de las entidades más activas en este mercado junto con el de Valores y el Banex.

La operación colocó $ 10 millones de la primera serie. Después de esta colocación, la primera de créditos prendarios después de la salida de la convertibilidad, los mismos bancos están instrumentando un fideicomiso de contratos de leasing. "Creemos que lo vamos a lanzar en seis meses porque es difícil instrumentarlo", dijo Sánchez Córdova.

Otra de las estrellas por estos días son los fideicomisos de crédito de consumo. Los hombres de negocios miran con interés cada vez que cualquiera de las cadenas de electrodomésticos, por ejemplo, anuncia la colocación de nuevas series por varios motivos: la tasa de interés -pagan entre el 6 y el 11%, según el título-, el corto plazo de la oferta -generalmente duran entre 6 y 12 meses y el bajo riesgo de la inversión. Sucede que las grandes cadenas aportan al fideicomiso la cartera de cuotas de créditos de consumo -por compra de electrodomésticos, por ejemplo-, que generalmente tienen muy baja morosidad.

Pero no sólo en los despachos de la City porteña se habla de esta herramienta. La posibilidad de constituir fideicomisos es uno de los motores que por estos días impulsa la construcción.

Reduciendo la exposición

Francisco Gallicchio, presidente de la comisión de obras privadas de la Cámara Argentina de la Construcción, cada vez más los desarrolladores de emprendimientos inmobiliarios se recuestan en esta figura. "Un fideicomiso antes costaba un 7% de la obra. Ahora los costos han bajado y en la medida en que bajen más, van a ser cada vez más atractivos".

"Antes nos movíamos con una hipoteca, pero estábamos expuestos a los concursos y las quiebras. Creemos que todos los proyectos donde hay dueños de la tierra, que no quieren desarrollar un proyecto, no hay un instrumento mejor", dijo Gallicchio.

Ahora bien, ¿qué hace el sector público con una herramienta que ha resultado tan útil para los privados?

Sistemáticamente, el Estado ha creado varios fondos fiduciarios -tal su denominación cuando se trata de cuentas oficiales-, especialmente orientados a la construcción de obras públicas. Sin embargo, varios de ellos están siendo por estos días motivo de sospechas y revisiones. El motivo: la falta de información sobre el destino de los fondos y de control (ver aparte).

"El Estado los ha utilizado, pero lamentablemente muchas veces cambia el destino de los fondos y eso desvirtúa la raíz del instituto", dijo Martín.

Quizá jamás llegue a ser una herramienta de inversión masiva; seguramente los inversores no sofisticados nunca terminen de entenderla; pero mientras los fideicomisos ofrezcan buenos rindes y se aíslen de los avatares jurídicos y económicos argentinos, seguirán ganado terreno en el mundo de los negocios.

Por Diego Cabot De la Redacción de LA NACION

Quién es quién

Fiduciante

Es la persona que es dueña de un bien y decide entregarlo a otra para destinarlo a un determinado fin, que no se puede modificar.

Fiduciario

Es el que recibe la propiedad fiduciaria y debe cumplir con el mandato de darles a los bienes el destino previsto en el contrato. Tiene que rendir cuentas de su gestión y puede ser una persona física o jurídica.

Beneficiario y fideicomisario

El primero es la persona en cuyo beneficio se administran los bienes. El segundo es el destinatario final de la propiedad.

Qué régimen tienen los bienes

Los activos del fondo se separan de los patrimonios del fiduciante y fiduciario. Quedan a salvo de los juicios de ejecución o quiebras que pudieran afectar a ambos.

FIDEICOMISOS ARGENTINA F.A. © | La Plata, Buenos Aires, Argentina

Powered by Xaver ®